miércoles, 29 de febrero de 2012

Unamuno: ¡Ah!, es que hay que tomar en serio a la farsa: El libro de Estilo de Catatònia Triomfant


"Les conozco a esos pobres diablos; les tuve que sufrir antaño. Querían convencerse de que eran una especie de arios, de una raza superior y aristocrática. Conocí más de uno que en su falta de conocimiento de la lengua diferencial del país nativo estropeaba adrede la lengua integral del país histórico, de la patria común, de esta mano que nos sustenta, entre Mediterráneo, Atlántico y Cantábrico, a todos los españoles. Su modo de querer afirmarse, más aún, de querer distinguirse, era chapurrear la lengua que les había hecho el espíritu.

Y luego decir que se les oprime, que se les desprecia, que se les veja, y falsificar la historia, y calumniar. Y dar gritos los que no pueden dar palabras.


«Pero ¿es que usted les toma en serio?», se me ha dicho ,alguna vez.
 ¡Ah!, es que hay que tomar en serio a la farsa.
Y a las cabriolas infantiles de los incapaces de sentir históricamente el país.
 
 Todo lo que en el fondo termina en la guerra al meteco, al maqueto, al forastero, al inmigrante, al peregrino, empieza en una especie no de ley, pero sí de costumbre de términos comarcales o regionales. Cuestión de clientelas. Y como si fuera poco la supuesta lucha de unas supuestas clases, viene la de las flamantes naciones.

¡Adónde he venido a parar desde la contemplación, desde la imaginación del paisaje y del país de esta mano de tierra que es España!"



MIGUEL DE UNAMUNO









MIGUEL DE UNAMUNO

martes, 28 de febrero de 2012

El mantra del déficit fiscal por Antonio Robles. El libro de Estilo de Catatònia Triomfant

Apuntar los diferentes mantras de la tribu.

El supuesto "maltrato fiscal" que sufre Cataluña a favor de comunidades que "se pasan la vida en el bar amarradas a un cerveza", ha pasado de ser un mantra del independentismo más friki, a máximo argumento del Gobierno de la Generalidad. Artur Mas lo acaba de internacionalizar desde el rotativo francés, Le Monde: "en Alemania el déficit de los landers está limitado al 4 por ciento. Es lo que nosotros pedimos".
Deposita el mantra, le da un toque de seriedad económica al implicar a Alemania, hace proselitismo internacional como si Cataluña fuera una colonia maltratada por España y le vuelve a soltar a Omnium Cultural 1,4 millones de euros para construcción nacional. Es el guión tópico y típico: Se inventan un cuento (en este caso el límite del 4 por ciento de solidaridad interterritorial en Alemania) y lo repiten hasta convertirlo en una verdad incuestionable. Jordi Pujol, en los medios y Duran i Lleida hasta en el Congreso de los Diputados.

Afortunadamente, esta vez, Convivencia Cívica de Cataluña ha respondido al cuento
con argumentos y números: ni Alemania pone límites a la solidaridad interterritorial, ni Cataluña arrastra un déficit fiscal mayor que los landers alemanes con mayor déficit, ni Cataluña es la comunidad que mayor aporta. Madrid y Baleares aportan más. Merece la pena leer con detenimiento el Informe de CCC.

Análisis del déficit fiscal catalán-Comparación de Cataluña con los länder alemanes.

Si jerarquizamos lo que aportan los landers alemanes con mayor déficit fiscal y los jerarquizamos con las comunidades españolas con igual criterio nos darían estos resultados por orden de mayor aportación fiscal: Hessen (-10,1 por ciento), Comunidad de Madrid (-9,0%), Baden- Wurttenberg (-9,0 por ciento), Baleares (8,0 por ciento), Hamburgo (7,4 por ciento), Baviera (6,7 por ciento), Cataluña (6,5 por ciento), Comunidad Valenciana (3,4 por ciento).

A la luz de los datos, ni Alemania pone el límite del 4 por ciento como mayor déficit fiscal, ni Cataluña tiene un saldo negativo respecto al resto de España, ni es Cataluña quién más aporta. En realidad ocupa el tercer lugar después de Madrid y Baleares. Mientras tanto, el periodismo en Cataluña ni investiga, ni cuestiona ni contrarresta la propaganda. Ha tenido que ser una asociación no subvencionada quien denuncie este "populismo de bolsillo".

El nacionalismo ha pasado de excitar los sentimientos más manipulables de la naturaleza humana a través de la lengua, al descaro del concierto económico y la insolidaridad interterritorial. Ya no se lo callan, lo exigen públicamente. Hoy el negocio nacional necesita dividendos, hay demasiada gente viviendo de él y la crisis pone en riesgo su sotenibilidad. Lo que sea para no perder privilegios.

Sería bueno, que se publicaran balanzas fiscales desde distintos organismos públicos y privados, se contrastaran números y, al final, se recordara desde el Estado que en España lo aportado por los españoles se reparte según necesidades. Pretender sacar provecho mayor por tener mayor déficit fiscal, es olvidar que déficit fiscal significa superávit fiscal. Por si todavía queda algún incauto.




Fin

Libelo sobre la cultura en euskera de Matías Múgica: El Libro de Estilo de Catatònia Triomfant

Unos extractos del Libelo sobre la cultura en euskera de Matías Múgica por su interés en cómo arroja claridad sobre el estudio de la construcción estética que nos ocupa:











(...)"Otro ejemplo: Tomo en mis manos un precioso libro de arquitectura sobre el caserío vasco, una verdadera joya, editada por la Diputación Foral de Guipúzcoa. El texto está solo en euskera. Alentado por la repetida pero nunca suficientemente frustrada esperanza de encontrar algo bueno directamente compuesto en euskera, empiezo a leerlo. La sintaxis desquiciada, las ambiguedades léxicas, los errores, la rígidez y pesadez del texto, cuasi ininterpretable, no pueden engañar: esto es una traducción, además mala, y no precisamente de las intracraneales que mencionaba antes, sino de las descaradas.

Al final del texto encuentro dos apéndices en letra pequeña impresa a dos columnas: Las “traducciones” española y francesa del “original” vasco. Empiezo a leer y sigo con fruición una excelente redacción castellana: acabo de dar con el original. Y apunto en mi libreta de cabreos un nuevo caso de camelo funcionarial cometido a costa de la calidad de una obra. No me voy a cansar en buscar más casos: todo el mundo sabe que este tipo de pamemas son frecuentísimas.

…/…

Vengo a decir dos cosas, y parece mentira que me haya costado tanto decirlas: primero que la cultura vasca es mala. Incluso muy mala. Salvo excepciones, es una cultura pueblerina y sin interés, que no puede bastar para la formación de nadie. Esto, en sí mismo, no constituye ninguna crítica: por diversas razones es lógico y previsible que sea así. Lo que no es tan normal y sí merece crítica, es intentar presentarla, como se hace constantemente, como un equivalente o incluso posible sustituto de la cultura mayoritaria del país, con vocación de ser algún día su cultura única; esto en mi opinión es peligroso e irresponsable, sobre todo teniendo en cuenta que las víctimas de la “homologación” van a ser los jóvenes. El día en que estos dejen de educarse en culturas “extranjeras”, por seguir usando jerga paranoica, y las sustituyan por la “propia” (y esto, no me cabe duda, es lo que muchos pretenden e incluso ya van consiguiendo), habremos dado un gran paso en el descerebramiento del país, cosa que no puede sino preocupar a alguien con un poco de conciencia.

Claro que el descerebramiento conecta bien, la verdad sea dicha, con el espíritu de los tiempos: en la regresión a la barbarie parece que los vascos vamos bien situados. No es que nos hayamos movido nosotros de la cola a la cabeza de la tensión histórica; nosotros, lo sabe todo el mundo, no nos movemos nunca. Es la tendencia la que se ha invertido y en esa vuelta atrás nos ha pillado a nosotros donde siempre: en nuestro amado primitivismo, convertido súbitamente en primor de modernidad, como esos estratos vetustos que un oportuno plegamiento desentierra y deja por encima de materiales mucho más recientes. No hay como tener paciencia para que algo vuelva a ponerse de moda.

En segundo lugar, he querido poner de manifiesto el muy bajo nivel de realidad, tanto social como personal, de este tinglado: la cultura vasca consiste en gran parte en un continuo, y desesperante, “hacer como si”.

(...)

Pero me interesa no abandonar el hilo de estos “mundos del euskera”. Hay un rasgo suyo, muy importante, y que está a la vista de todo el mundo, pero que no encuentro reseñado en ninguna parte: estos euskaldunes urbanos practicantes, y militantes, viven casi sin excepción de vender euskera. Insisto en que me refiero solo a los medios urbanos castellanoparlantes del país, que son los que conozco bien. Aquí, el grueso de la gente que usa el euskera con asiduidad, que ejerce su vascofonía, trabaja en una actividad cuya tarea principal, cuya razón de ser, es utilizar y hacer utilizar la lengua: irakasles, andereños, técnicos de euskera, traductores, periodistas, locutores… etc. No es que hablar euskera en nuestras ciudades sea solo un oficio, pero me atrevería a decir que va siendo fundamentalmente un oficio y cada vez más un oficio. Es cierto que, fuera de los núcleos de profesionales, existe cierta población euskaldun, inmigrante, que habla su idioma de forma amateur, sin cobrar, ya que su contribución a la sociedad es de naturaleza más tangible. Pero estos son pocos, y sobre todo no tienen ningún peso: el tinglado no está montado por ellos ni para ellos. Está montado cada vez más para los otros: para una especie de élites subvencionadas que se venden euskera a sí mismas. Lo cual no les impide declararse a troche y moche perseguidas, marginadas, acosadas e incluso acorraladas, por decirlo en términos muy queridos por la paranoia ambiente.

El “mundo del euskera” cobra por mover la lengua y moverla en ese idioma. Entender este hecho ayuda a ver más claro en ciertas actitudes estridentes que se prodigan mucho: ayuda, por ejemplo, a deslindar, en la eterna reclamación de más dinero para el euskera, qué hay de reivindicación laboral encubierta, y qué de desinteresada reclamación de justicia, que también la hay. En este entorno, más dinero para el euskera significa de forma muy directa e inmediata más dinero para mí y mis amigos; las ideas y los intereses coinciden, situación siempre peligrosa (en un tiempo era algo que se le reprochaba mucho a la burguesía), y que puede despertar serias dudas sobre la honradez de un movimiento. Al escéptico, un oído interior le traduce las soflamas justicieras al uso a términos más humanos.

Esta profesionalización depende casi enteramente, cómo no, de la Administración, bien directamente (funcionarios), bien vía subvenciones. Precisando más, es el sistema educativo el que absorbe a casi todos estos euskaldunes de nómina. El esfuerzo administrativo de recuperación del idioma, en efecto, se centra en la población escolar, no por casualidad: la enseñanza siempre es el escenario preferido del reformador social, debido a una preciadísima característica de los escolares y estudiantes: no pueden salir corriendo cuando asoma el reformador, como tienen por costumbre los adultos. Esta preciadísima característica suya los deja a merced de cualquier experimento sin que haya que pedirles permiso.

No voy a hablar de la efectividad de la enseñanza para resucitar el euskera donde ya no se habla o implantarlo donde nunca se ha hablado . El tema es vidrioso y tentador pero me apartaría demasiado de mi camino. Sí quiero, en cambio, hacer unas observaciones, que me pillan de paso, sobre la dependencia entre la cultura en euskera y el sistema educativo. Algunos párrafos atrás decía que la clientela de la cultura vasca era un pequeño subsector de los vascoparlantes nacionalistas. Me refería entonces, naturalmente, al mundo por así decirlo civil. Olvidaba mencionar el verdadero balón de oxígeno que mantiene viva a la kultura en todas sus manifestaciones: la escuela en euskera. A la vista de la indefinida huelga de interés de la sociedad en general, la kultura vasca ha evitado el desastre nuevamente refugiándose en terreno protegido y especializándose en el mejor de los consumidores: el forzoso.

Por ejemplo: hace unos meses el Egunkaria reseña que se ha fundado una organización, de fondos ampliamente públicos, supongo, para introducir y difundir en las escuelas e institutos cine doblado al euskera. “En las salas comerciales” – comentaba, audaz y rompedor, el periodista euskaldun – “va poca gente”. Y es cierto: voluntariamente y pagando casi nadie va nunca a ver una película en euskera, salvo algunos incautos que nunca perdemos la esperanza de cambiar de opinión. ¿Qué hacer? ¿Constatar que nadie necesita nada de todo esto y resignarse? No les hable usted de resignación a los vascos, raza celebradamente emprendedora (si todo lo que tienen de emprendedores lo tuvieran de creadores no les sería necesario andarse con estas ortopedias): Hay en principio dos soluciones: primera: ya que el sector voluntario muestra esa reprobable desafección, hay que buscar un sector de población suficientemente grande al que no haya que pedirle permiso para sentarle a ver un espectáculo en euskera. Esto, en una sociedad democrática, solo puede conseguirse con menores de edad. Aquí es donde han conseguido sobrevivir tanto el cine como el teatro en euskera.

Voy a acabar, porque las dimensiones de este escrito escapan ya a cualquier estándar y porque se me agota el venero de irritación que me movía. Pero me gustaría recapitular la esencia de estas reflexiones.

Vuelvo a resumir dos cosas:

1. primero que la cultura vasca es mala. Incluso muy mala. Salvo excepciones, es una cultura pueblerina y sin interés, que no puede bastar para la formación de nadie. Esto, en sí mismo, no constituye ninguna crítica: por diversas razones es lógico y previsible que sea así. Lo que no es tan normal y sí merece crítica, es intentar presentarla, como se hace constantemente, como un equivalente o incluso posible sustituto de la cultura mayoritaria del país, con vocación de ser algún día su cultura única; esto en mi opinión es peligroso e irresponsable, sobre todo teniendo en cuenta que las víctimas de la “homologación” van a ser los jóvenes. El día en que estos dejen de educarse en culturas “extranjeras”, por seguir usando jerga paranoica, y las sustituyan por la “propia” (y esto, no me cabe duda, es lo que muchos pretenden e incluso ya van consiguiendo), habremos dado un gran paso en el descerebramiento del país, cosa que no puede sino preocupar a alguien con un poco de conciencia.

Claro que el descerebramiento conecta bien, la verdad sea dicha, con el espíritu de los tiempos: en la regresión a la barbarie parece que los vascos vamos bien situados. No es que nos hayamos movido nosotros de la cola a la cabeza de la tensión histórica; nosotros, lo sabe todo el mundo, no nos movemos nunca. Es la tendencia la que se ha invertido y en esa vuelta atrás nos ha pillado a nosotros donde siempre: en nuestro amado primitivismo, convertido súbitamente en primor de modernidad, como esos estratos vetustos que un oportuno plegamiento desentierra y deja por encima de materiales mucho más recientes. No hay como tener paciencia para que algo vuelva a ponerse de moda.

2. En segundo lugar, he querido poner de manifiesto el muy bajo nivel de realidad, tanto social como personal, de este tinglado: la cultura vasca consiste en gran parte en un continuo, y desesperante, “hacer como si”, con la esperanza, me imagino, de que algun día haya un punto de inflexión y la cosa eche a andar. Por ahora el motor rueda mayormente en vacío por mucho que los pasajeros pongan aplicadamente cara de velocidad. Esto, curiosamente, no es exactamente algo que se ignore. Al contrario, parece estar en la mente de todo el mundo, aunque rara vez se diga, y menos públicamente. La idea subyacente parece ser la de resistir, disimular, que algo exista, aunque sea un simulacro, que a través de la noche un hilo de luz -gure asaben lokarri zaharra- una el último crepúsculo con el próximo amanecer. Pero ¿verdaderamente se puede llamar a esto existir? En esta cuestión más que en ninguna, esse est percipi, el objeto no existe fuera del acto de percepción. Estas cosas solo existen en la medida en que tienen una penetración social. Pero no la tienen. Es terriblemente sintomático que cuando por la naturaleza del medio esa penetración no puede maquillarse ni simularse sea generalmente cercana a cero y el medio decaiga hasta casi desaparecer . Una parte considerable de la cultura vasca, me temo, no tiene otra forma de existencia que la que le confiere el figurar en las estadísticas; las mismas estadísticas con las que el funcionario o criptofuncionario de turno, inasequible al desaliento, nos demuestra que en esto del vasco todo va que chuta, en gran parte, por supuesto, gracias a él.

Recomiendo el libelo entero. 20 páginas:
Libelo sobre la cultura en euskera de Matías Múgica
Libelo sobre la cultura en euskera de Matías Múgica:
http://es.scribd.com/doc/6608949/Libelo-Sobre-La-Cultura-en-Euskera-Matias-Mugica








Fin

domingo, 26 de febrero de 2012

Carmen Corpas por Tientos-Tangos acompañada por Justo Fernández a la guitarra

Carmen Corpas por Tientos-Tangos acompañada por Justo FernándezTientos-Tangos en la peña flamenca Juan de Arcos de Badalona.





Tientos-Tangos

Carmen Corpas canta La Caña acompañada por Justo Fernández a la guitarra















Es interesante oir la versión de la Caña que dan Carmen Corpas al cante
y Justo Fernández a la guitarra y su enlace a la Soleá Apolá.




Cuando yo canto la Caña
el alma pongo en mi cante
porque me acuerdo de Enrique
y creo tenerlo delante

Ay arsa y viva Ronda
reina de los cielos
y creo que lo tengo
ay delante

Cuando doblan las campanas
no preguntes quién se ha muerto...

sábado, 25 de febrero de 2012

Alba Guerrero canta unas Serranas en el JazzSí


















Es interesante oir la versión de la Serrana que dan Alba Guerrero al cante y Juan Cortés al toque de las Serranas y del cambio de la Siguiriya de Mª Borrico.



A la orilla de un río
yo me voy solo
y aumento la corriente
con lo que lloro.

A romero y jara
me huele a mí la cara
de mi serrana,
a romero y jara,
son sus ojos dos luceros
de la mañana.

Dice mi compañero
que si lo quiero
sabiendo que por él
yo me muero.

jueves, 23 de febrero de 2012

Colombianas en el Combo del CC Besós



Un pequeño ejemplo de cómo sonaban las colombianas con saxo y voz.
El tono en el que se tenía que cantar era un verdadero problema pues,
con la cejilla al 5,
las voces masculinas se veían obligadas a cantar demasiado bajo
y el cante no acababa de brillar.

sábado, 18 de febrero de 2012

Otra Historia de Cataluña .El Libro de Estilo de Catatònia Triomfant




Desde hace 150 años hacen y deshacen a su antojo en Catalunya. Se trata de 300 familias ligadas por lazos de parentesco endogámicos que acumulan patrimonio, lo fusionan, a través de matrimonios de sus hijos e hijas y controlan los negocios, la sociedad, la cultura y la política catalana. Ellos construyeron el catalanismo político y ellos lo han gestionado en exclusiva. No se han enterado todavía, pero su ciclo toca a su fin. Su canto del cisne han sido los casos Palau y Pretoria, tras los cuales nada será igual en Catalunya.

Félix Millet era algo más que un estafador (presunto, claro, porque en la Catalunya de la oligarquía todo es presunto a la espera de que el proceso jamás se celebre) especializado en desviar fondos del Palau de la Música a sus cuentas de gastos personales hasta más allá de lo grotesco y mezquino. Félix Millet era sobre todo “un patriota catalán”, penúltimo vástago de un linaje decimonónico vinculado a los negocios y al catalanismo político. Su modo de actuar denota una sensación de impunidad absoluta. Desde 2002 la Sindicatura de Comptes (el equivalente catalán del Tribunal de Cuentas) detectó anormalidades, las cuales no impidió que la Generalitat y otras instituciones condecoraran y honraran a Millet.

El despacho de este “prócer catalán” en el Palau era frecuentemente visitado por los grandes nombres de la sociedad y de los negocios locales. No iban allí para pedir favores o recomendaciones sino para dar dinero. Y es raro, porque Millet, habitualmente era quien les llamaba y les solicitaba donaciones. Su orgullo y soberbia llegaban hasta el punto de no desplazarse a la oficina de los que sableaba, sino que los citaba en la suya seguramente para jugar en terreno propio.

Esbozo histórico: hacia una “música nacional de Catalunya”


Félix Millet llevaba treinta años al frente del Palau de la Música. La música le importaba, literalmente, un pepino, pero el lugar, en tanto que uno de los centros históricos de relaciones entre la oligarquía catalana desde principios del siglo XX, era una institución que permitía conmover a los patricios de las 300 familias de la alta burguesía y obtener de ellos jugosas donaciones. Desde que el Conde de Güell, en el último tercio del siglo XIX, financiaba de su bolsillo todas las actividades catalanistas, existía en esos círculos “ilustrados” la noción de crear una “música nacional de Catalunya”. El Gran Teatro del Liceo no parecía el lugar más adecuado para ello.

Las óperas wagnerianas, al decir de aquella generación catalanista, eran “paganas” y, en cualquier caso, poco católicas y nada catalanas. Sin embargo, era lo que los amantes de la música exigían en aquella época. El wagnerianismo penetró profundamente en los gustos de la aristocracia económica del Liceo de la misma forma que las masas corales se habían extendido entre las clases populares gracias a la obra de Anselm Clavé, francmasón y socialista utópico. Clavé se había inspirado en el libro Viaje a Icaria, de Etienne Cabet (uno de los padres del comunismo utópico cuyo pensamiento logró penetrar profundamente en los círculos revolucionarios barceloneses). Cabet contaba que en su sociedad ideal icariana los obreros irían cantando al trabajo y trabajarían cantando coralmente para establecer vínculos fraternos entre todos ellos. Anselm Clavé llevó esta idea a la práctica y, desde entonces, las masas corales siempre han tenido cierta raigambre popular en Barcelona. Pero el Conde de Güell no estaba cómodo ni con las óperas wagnerianas seguidas por la alta burguesía, ni con las masas corales que atraían a las clases populares frecuentemente impregnadas del naciente socialismo. En efecto, ni en unas ni en otras se encontraba ese carácter catalanista que tanto ansiaba. De ahí que propusiera la construcción de una “música nacional de Catalunya” y para ello estuviera dispuesto a poner sobre la mesa sus ingentes y casi ilimitados fondos.

Güell fracasó a la hora de crear una “ópera nacional catalana” capaz de rivalizar con el wagnerianismo. Aprovechando que el mecenas tenía grandes propiedades en las costas del Garraf, un músico que formaba parte del entorno de los Güell, García Robles, decidió dedicar una ópera peripatética a esta comarca. La ópera se llamó “Garraf” y sería difícil decidir si la música compuesta por García Robles era lo peor o lo farragoso del texto escrito por el poeta Ramón Picó i Campañas, secretario personal del Conde de Güell, deslucía más la obra… Robles, por cierto, escribió para el Orfeón Catalán un “Himno a la Bandera Catalana” y la trilogía “Catalonia” evidenciando que hacía todo lo que podía para satisfacer al mecenas.

Más fortuna tuvo el Orfeón Catalán, sociedad coral fundada en 1891, surgido de las masas corales de Clavé “catalanizadas”. El Orfeón fue fundado por Lluís Millet i Pagés y para darle una sede social se construyó el Palau de la Música Catalana cuyo sobrino-nieto saqueó en los últimos 30 años. En Catalunya se dice que los padres crean las empresas, los hijos las expanden y los nietos las destruyen… Con algunas diferencias, más o menos, esto fue lo que ocurrió en el Palau de la Música

Félix Millet padre, hombre clave del catalanismo político de postguerra.

Tenía algo de razón Félix Millet cuando consideraba el Palau de la Música y el Orfeón Catalán como una especie de jardín familiar. Si Lluís Millet y Pagés (1867-1943) fundó estas instituciones con la única intención de reforzar el catalanismo político y su intención de “construcción de una música nacional de Catalunya”, fue el arquitecto Domenec i Montaner (otro catalanista que, naturalmente, proponía la creación de una “arquitectura nacional de Catalunya”… de la que él, Gaudí y Puig i Cadafalch serían sus máximos exponentes) llevó a cabo el proyecto que se inauguró en 1908. Las 300 familias encabezadas por Güell financiaron el edificio que siempre destacó por su excelente sonoridad y la discutible calidad estética de los exteriores.

Félix Millet i Maristany (1903-1967), sobrino del fundador se crió entre el ambiente catalanista del Palau y los jesuitas de Caspe que no lograron hacer carrera del zagal. Éste optó como toda la alta burguesía catalana de la época, por la política de las fusiones familiares que entrañaban también fusiones económicas, y casó con la “pubilla” (hija mayor de una familia, destinada a recibir la herencia) de la familia Tusell, clan de industriales, entre cuyos negocios figuraba una agencia de seguros al frente de la cual fue colocado el papá del protagonista del “Caso Palau”.

En esa época, prácticamente todo el nacionalismo catalán era, como el vasco, católico y Félix Millet padre, siguiendo órdenes del obispado de Barcelona creó a sus expensas la Federació de Joves Cristians de Catalunya (FEJOC) en 1931 y pocas semanas después, de Unió Democrática de Catalunya. Al estallar la Guerra Civil, la FEJOC sufrió 400 bajas la mayoría asesinados por la FAI. Los Millet lograron escapar hasta la Italia fascista en donde papa Félix se hizo cargo de una empresa de seguros italiana que en plena guerra instaló en la Sevilla de Queipo de Llano. Pero Félix Millet hizo algo más en los últimos meses de guerra, mientas gente de su edad daba la vida en los frentes: hizo negocios.

Con los dineros obtenidos compró la Compañía Hispano-Americana de Seguros y Reaseguros, empresa que trabajaba con el gobierno fascista italiano durante la primera fase de la II Guerra Mundial. Las empresas vetadas por los aliados por estar vinculados visiblemente a la Italia fascista eran sustituidas por una tapadera, la compañía de Félix Millet. Eso le permitió amasar una gran fortuna y comprar el Banco Popular de Previsión a través del cual trabajaría luego con el poderoso sector bancario del Opus Dei. Por si esto fuera poco, la compañía italiana para la que había trabajado, en agradecimiento a los servicios prestados le regaló el 25% de acciones del Banco Vitalicio. Entre este pequeño holding bancario y los seguros, Millet se convirtió en una de las grandes fortunas de la Catalunya de postguerra y como tal participó en grandes negocios en la Europa destrozada que surgió de la II Guerra Mundial. Sus negocios de seguros abarcaron todos los países de Europa Occidental incluyendo Alemania, Francia e Italia y llevando sus tentáculos a la por entonces próspera República Argentina.

En 1941 impulsó la renovación de los Jocs Florals y financió la creación de la Sociedad Benéfica Minerva que ayudaba económicamente a los intelectuales catalanistas en el exilio que deseaban volver. En 1947 tuvo lugar un hecho cuya importancia generalmente no se valora en su justa medida. El catalanismo empezó su reconstrucción. Esta no se hizo a través de movimientos políticos, sino mediante iniciativas religiosas y culturales. El mejor prosista en lengua catalana, Josep Pla, había dado la idea de reeditar las obras de Verdaguer (a partir de 1940 ya se publicaron sin el más mínimo problema con la censura obras escritas en catalán… de autores católicos). Otros, como mucha más fe católica que Plá, siguieron por esta vía en 1945, cuando el abad benedictino de Montserrat (Aureli Escarré) empezó a preparar las Fiestas de la Entronización de la Virgen de Montserrat junto a Félix Millet i Maristany. La idea, en principio, no era mala: se trataba de “reconciliar” a los catalanes que habían combatido en ambos bandos.
Ibáñez Escofet en su libro “La Memòria és un gran cementiri” recuerda que fue allí en donde por primera vez emergieron los nombres de Ainaud de Lasarte (historiador, luego diputado de CiU), Joan Raventós (luego líder del PSC), Josep Benet (luego líder del PSUC y profesor particular de los hijos de Félix Millet) o el propio Jordi Pujol. El acto es considerado por la historiografía catalanista como el punto de arranque del movimiento que todavía en esa época estaba íntimamente vinculado a las esferas eclesiásticas.

Pero Félix Millet i Maristany participaría en otras dos iniciativas importantes para la reconstrucción del catalanismo político: la creación del Ómnium Cultural (1961) de la que fue primer presidente y en la fundación de Banca Catalana que asumió la financiación del catalanismo. Por lo demás, a partir de 1951, asumió también la presidencia del Orfeón Catalán que ya empezaba a ser una “empresa familiar” de los Millet. A pesar de sus gigantescos recursos, ninguno de los Millet destacó como “líder político”. Cuando se producen los “hechos del Palau”.

En efecto, el 19 de mayo de 1960, cuando se conmemoraba el centenario del nacimiento del poeta Joan Maragall. Una parte de los asistentes cantó el Cant de la Senyera (composición de Lluís Millet sobre un poema de Joan Maragall, compuesta como himno del Orfeón Catalán) en presencia de varios ministros de Franco. Resultaron detenidos los organizadores y sometidos a consejo de guerra, entre ellos Jordi Pujol (que siempre negó responsabilidad en los hechos). El episodio tuvo lugar precisamente en el Palau de la Música. A partir de ese momento, Pujol se convierte en el centro del catalanismo político de postguerra cuyo periplo durará hasta 2003 cuando no se presente de nuevo como candidato a la presidencia de la Generalitat.

El último Millet.

Fèlix María Millet i Tusell era hijo de Fèlix Millet i Maristany. Mientras sus hermanos mayores se dedicaron a ampliar la fortuna familiar al frente del holding bancario (el Vitalicio y el Hispano; y el mayor, Salvador llegará a presidente de La Caixa entre 1980 y 1987), Fèlix fue enviado por la familia a Guinea Ecuatorial cuyo único negocio era el plátano y el cacao. Acabada la aventura africana tras la descolonización, en 1974, participó con otros dos nombres ilustres del catalanismo político, Josep Trias de Bes (militante del PSUC en los 60, pasado al socialismo catalanista en 1973, luego al partido pujolista CDC desde 1976, en 1995 al PP y desde 2009 en UPyD… lo cual no fue obstáculo para que firmara el Manifiesto del Sí al Nou Estatut) y Joaquím Molins (pasado del Centre Catalá en 1976, a UCD en 1979, luego en 1981 a CDC ocupando distintos cargos hasta que se retiró en 2001) en Renta Inmobiliaria Catalana fundada por los hermanos Baquer i Miró (otros apellidos catalanes ilustres). La cosa fue bien hasta que empezaron los problemas. Fèlix Millet acabó quince días en la Cárcel Modelo acusado de estafa y condenado luego por “impudencia” que “facilitó un delito de falsedad”. El País publicó la sentencia el 31 de octubre de 1984. A pesar de que la fiscalía lo solicitó, el tribunal no autorizó el procesamiento de Joaquim Molins y Josep María Trias de Bes, miembro del Consejo de Administración de Renta Catalana. Los perjudicados por la imprudencia de Fèlix Millet y la falsedad de Ignasi Baquer fueron en total 120

Sin embargo desde 1978 fue nombrado presidente del Orfeó Català sustituyendo a otro apellido de “los 300”, Joan Anton Maragall. Éste Maragall, hijo del poeta Joan Maragall y, por tanto, tío del ex presidente de la Generalitat Pasqual Maragall, tiene también una carrera emblemática del camaleonismo de este grupo selecto de familias oligárquicas catalanas: amigo íntimo del alcalde franquista José María de Porcioles, Joan Antón colocará a su sobrino Pascual en el Ayuntamiento –después de que éste formara parte del Front Obrer Catalán y fuera enviado al exilio dorado tras ser desarticulado el grupo-, en la guerra civil había huido a Burgos para ponerse a las órdenes de Franco y trabajar con Eugeni D’Ors –catalanista de derechas como él- y así hasta el inicio de la transición que le coge al frente del Club Catalònia (nacionalistas de derechas.

El mismo año en el que Millet es condenado por el feo asunto de Renta Catalana, se crea la Fundación Orfeó Catalá-Palau de la Música destinada para asegurar la financiación pública a estas instituciones presididas por él. A partir de ese momento se produce la riada de fondos con que la Generalitat obsequia a una de las instituciones que ya han pasado a ser tradicionales en Catalunya y que permitieron ampliar el Palau con unas obras discutibles e innecesarias que, según los expertos, terminarían arruinando la acústica del local.

A lo largo de los 32 años en los que Millet estuvo al frente de la institución, incluso sectores catalanistas –Ernest Lluch, por ejemplo- denunciaron la decadencia de la institución. Paradójicamente, contra más fondos públicos y privados afluían a la entidad, ésta caía en más atonía. Hoy se sabe que los músicos eran becarios y se ignora lo contabilidad real de prácticamente 32 años…

Las 100 familias, las 300 familias, las 400 familias.

Al estallar el Caso Palau, la primera reacción del nacionalismo fue asumir una defensa cerrada de “uno de los suyos”. Oriol Pujol, quinto hijo del expresident de la Generalitat negó las acusaciones y salió en defensa de Millet alegando que se trataba de “un nuevo ataque al país”. La Catalunya “que pesa” conocía perfectamente que el Palau de la Música se había convertido en un semillero de contactos y relaciones económicas que nada tenían que ver con la música. Y si se quería participar en esta trama de reparto de contratas y prebendas que pasaban a través de Millet, había que pagar un peaje: financiar el Palau que era como financiar el huerto de Millet, esto es, al propio Millet. La primera reacción de Oriol Pujol supuso la reacción visceral de un miembro de la oligarquía catalana que consideraba que el ataque contra uno de los suyos, era el ataque contra todos. Pero la abundancia de indicios hizo que esa línea de defensa fuera inmediatamente abandonada so peca de aumentar el descrédito de la oligarquía catalana. Las “familias” de la oligarquía recalibraron pronto su estrategia. Mejor dejar caer durante unos meses a Millet para evitar que la opinión pública se fijara en ellos. ¿Quiénes son estas familias oligárquicas?

Carles Carretero, ex conceller de la Generalitat y ex dirigente de ERC, actualmente embarcado en la aventura independentista del Reagrupament junto al presidente del Barça, Joan Laporta, lo dijo muy claramente el pasado otoño: “no queremos una patria empobrecida en la que 400 personas lo deciden todo y lo reparten todo”. Esta alusión a “los 400” parece enigmática sin embargo deriva de una frase pronunciada por Fèlix Millet i Tusell: “Somos unos cuatrocientos y siempre somos los mismos”, citando como lugares de encuentro el Orfeó Català, el Círculo del Liceo, la tribuna del FC Barcelona y La Caixa… No se trata de los “organismos de gobierno” de la sociedad catalana pero sí en donde se relaciona la gente que tiene poder real. Cuando Josep Lluís Núñez quiso ampliar sus relaciones lo hizo en el marco del Barça. Su problema era que sus apellidos carecían de pedigrí catalanista. No era de los 400… Es curioso que Fèlix Millet se incorporara a la candidatura de Núñez, continuara con el siguiente presidente de la entidad, Joan Gaspart incluso a pesar de que se hubiera presentado en la candidatura rival de Bassat O’Ghilvy… Si Millet fue requerido por Núñez se debió solamente a su “pata negra catalanista”…

Sin embargo, en el libro L’oasi català, de Pere Cullell y Andreu Farras se hablaba de las 100 familias que se reparten el poder en Catalunya y Antonio Santamaria en su artículo en El Viejo Topo, alude a “300 familias” de las que dice Vivens Vives que “ya figuraban en el censo de fabricantes de 1829”. ¿En qué quedamos? ¿100, 300 ó 400 apellidos ilustres componen la oligarquía catalana? Poco importa. Habitualmente los apellidos indican hasta qué punto la endogamia ha mezclado a estas familias (300 según Vicent Vives). Por otra parte, no todas las familias oligárquicas han sobrevivido, algunas se han empobrecido, generalmente a causa de los nietos no estaban a la altura de sus padres y optaron por vender patrimonio en los 80, pateárselo en los 90 y vivir penurias en el siglo XXI. Los que han sobrevivido fueron republicanos bajo la república, franquistas durante el franquismo y demócratas de centro-derecha y de centro-izquierda desde la transición y mañana serán lo que haga falta que sean, impulsados por su espíritu camaleónico.

A lo largo de estas últimas décadas, y ya que había que pasar por la “voluntad popular”, su habilidad ha consistido en legitimar su mecanismo de poder utilizando el catalanismo como elemento emotivo y sentimental para obtener el refrendo de las urnas, pero está bastante claro que para ellos “Catalunya” no es más que una proyección para seguir manteniendo su posición hegemónica. Nacionalistas sobre todo, algunos de ellos optaron por el PSC, como forma de socialdemocracia moderada y teñida de un fuerte sentimiento catalanista cuya tarea histórica fue denunciada por el propio Leguina: “esos chicos que eran progres en su juventud y que hoy nos sirven para que los votantes charnegos no se nos salgan del redil”…

La disposición oligárquica de todo este sector llega hasta el absurdo: Sin ir más lejos, el funcionario del cuerpo de interventores de la Generalitat Enric Fernández Ferrer –que entre el 2002 y el 2005 se encargó de fiscalizar las cuentas del Consorci del Palau de la Música– era la pareja sentimental de Gemma Montull, exdirectora financiera del Palau, imputada en la causa e hija de Jordi Montull, mano derecha de Fèlix Millet y administrador del consorcio Orfeó-Palau. Fernández pagó con fondos del Palau obras valoradas en 97.000 euros en una casa propiedad de él y de su pareja en Teià (Maresme)… Éste era el funcionario que debía censurar las cuentas del Palau…

La vergüenza de la familia Millet se llama hoy “Félix Millet i Tusell”. Se ignora la cantidad total que defraudó del Palau de la música. Joaquín Leguina lo cifraba entre 20 y 30 millones de euros… Era, como casi todo en Catalunya –en donde la alta burguesía oligárquica se ha comportado con una completa impunidad desde el Caso Banca Catalana en donde una parte sustancial de los “patas negras catalanes” aparecían- un secreto a voces que la prensa catalana callaba y de la que no venían proliferando anónimos, informaciones, denuncias e investigaciones periodísticas jamás publicadas.

Otros apellidos catalanes ilustres le obsequiaron con la “Creu de Sant Jordi” (que le fue entregada por Jordi Pujol) y la “Clau de la Ciutat” (entregada por Maragall). El juez Solaz lo dejó con cargos pero sin fianza.

Por su parte, Montull –otro apellido “pata negra catalán”- se limitaba, como señaló la prensa, a “exhibir un papelito con algún post-it como remedo de rendición de cuentas, y su jefe prometía con poco entusiasmo y menos intención enviar más información a los pocos que hacían alguna pregunta”. A lo cual seguía siempre una lacrimógena petición de fondos realizada por Millet para mover los corazoncitos de la oligarquía catalana con cuatro frases sobre, sí, sobre la “construcción nacional de Catalunya”. El dinero servía sólo para alimentar el ritmo de vida de los Millet, reformar sus lujosas viviendas, viajar a todo a los mejores destinos con la familia y llenar de billetes su caja fuerte.

Tras el procesamiento de Félix Millet se hizo cargo del Palau, Mariona Carulla, otro nombre destacado de “los 300”, hija de María Font, viuda de Lluís Carulla i Canals (1904-1990). Hijo de una familia de farmacéuticos, Lluís Carulla creó en 1937 la empresa Gallina d’Or que luego se transformaría en Gallina Blanca, actualmente con presencia en 100 países con el nombre de Agrolimen. Carulla, otro de los financiadores del catalanismo en la postguerra, fue uno de los impulsores en 1961 de Òmnium Cultural junto a Fèlix Millet. Hoy, 165 “patronos” y 200 empresas constituyen lo esencial de la financiación del Palau de la Música Catalana, una institución que para siempre quedará ligada a uno de los episodios más bochornosos de la corrupción en España.7

En el fondo, Millet –y con él buena parte de los 300- están convencidos de que Catalunya es su huerto familiar y pueden disponer de él a su antojo. Y la verdad es que han venido haciéndolo en los últimos 100 años.


Pretoria construido con la misma materia que el Palau


A pocas semanas de la puesta en libertad sin fianza y con cargos de Fèlix Millet estallaba otro escándalo que apuntillaba la pretendida superioridad moral del nacionalismo catalán y derruía su presunto “amor per la terra”, reduciendo a ceniza toda la retórica sobre la “construcción nacional de Catalunya”. El concepto antropológico de “seny” (sensatez, cordura, sabiduría, serenidad en el juicio) catalán, quedaba así mismo pulverizado. La Operación Pretoria, en efecto, llevó a la cárcel a los que habían sido brazos derecho e izquierdo de Pujol durante los veinte años que duró su gestión al frente de la Generalitat: Maciá Alavedra y Lluís Prenafeta, así como a destacados miembros del Partido Socialista.

En efecto, el 27 de octubre, por orden de a Audiencia Nacional se produjo la detención del alcalde de Santa Coloma de Gramanet, Bartomeu Muñoz i Calvet por posibles delitos de asociación ilícita, cohecho, fraude de subvenciones, exacciones ilegales y falsedad en documento público y mercantil… Resultó detenido también el concejal de urbanismo Manuel Dobarco. El daño causado a las arcas públicas en Santa Coloma ascendía según la primera estimación a 18.377.000 euros… no estaba mal para una ciudad en su inmensa mayoría de origen modesto o muy modesto.

Santa Coloma en 1975 tenía 140.000 habitantes, pero en los últimos años, la llegada masiva de inmigración del Tercer Mundo no ha podido compensar el retorno de 20.000 inmigrantes andaluces que llegaron en los años 50-70. Bartomeu Muñoz, alcalde de la localidad, es hijo del último alcalde franquista de la misma población, Blas Muñoz, que amasó unos cuantos millones antes de ser procesado por el Tribunal de Contrabando y Defraudación, tras lo cual entendió que los buenos negocios solamente se hacían a la sombra del poder, ingresando en el Movimiento en 1964. Apoyado por Martín Villa, gobernador de Barcelona, “papá Muñoz” se convirtió en alcalde. En ese momento, era propietario de 500 viviendas en la ciudad, su hijo cobraba los alquileres. Ya como alcalde fue acusado de prácticas usureras, pero misteriosamente –según se dice por presiones del gobernador civil- el caso no prosperó. En 1977, Muñoz hizo lo mismo que otros miles de arribistas municipales: presentarse como candidato de UCD. Perdió por supuesto la alcaldía conservando una poltrona en el ayuntamiento.

Gobernada la ciudad primero por el PSUC y desde 1981 por el PSC que llevó a Manuela de Madre a la alcaldía, luego fue el hijo del propio Muñoz, Bartomeu Muñoz, quien la sustituyó también con la etiqueta “PSC”. Un Muñoz se había acostado como alcalde franquista y otro Muñoz se despertaba como alcalde socialista. Milagros del camaleonismo. Bartomeu Muñoz, alcalde de una ciudad suburbial del cinturón industrial de Barcelona, vivía en las inmediaciones del parqué del Turó, uno de los lugares más exclusivos de la capital catalana. Milagros del populismo socialista. Pero se produjeron más milagros.

La “sociovergencia” es un invento reciente de sectores de PSC partidarios del pacto con CiU para gobernar Catalunya tras las próximas elecciones autonómicas, pero otros ya estaban poniendo en práctica la “sociovergencia” desde hacía más de una década. Era un feo asunto de corrupción…

Cuando abandonaron el poder, los brazos derecho e izquierdo de Pujol, Maciá Alavedra (exconseller de finanzas de Pujol) y Lluís Prenafeta (Secretario de la Presidencia) se dedicaron a “captar presuntamente el dinero negro de la evasión fiscal de la burguesía hacia el paraíso fiscal de la isla de Jersey, fonos que posteriormente eran blanqueados en operaciones urbanísticas en el área metropolitana de Barcelona” (Antonio Santamaría, El Viejo Topo). Algo de esto fue detectado ya en 1997 cuando un diputado socialista, Luís García Sáez (a) “Luigi”, “operaba como mediados y comisionista entre los evasores fiscales, los ayuntamientos socialistas y los promotores inmobiliarios”. Poco después, en 1999, “Luigi” fue expulsado del PSC por otra estafa en obras públicas en Mataró y Olesa en lo que se llamó Caso AGT. Entre otros imputados en este caso (que misteriosamente se archivó) figuraba también Josep María Triginer, líder de la Federación Catalana del PSOE en los años 70. Santa Coloma era uno de los pocos lugares en donde el PSOE tenía una mínima base militantes, la mayoría juvenil y ajena a las otras dos componentes mayoritarias del socialismo catalán (el PSC-R y el PSC-C).

“Luigi” fue diputado nacional por el PSOE-PSC durante 12 años. Otros miembros del PSC fueron imputados con él en la Operación Pretoria demostrando que las “expulsiones” son apenas meros maquillajes cosméticos, pero en absoluto medidas que impliquen el final de los vínculos de un presunto corrupto con sus antiguos camaradas de partido. Entre otros detenidos figuraba también Genis Carbó, ex jefe de Planificación Territorial de la Generalitat y coordinador del Plan Metropolitano de Barcelona, Doris Malfeito, esposa de Alavedra, Antoni Jiménez, concejal socialista de Montcada i Reixac y el ex alcalde del PP de Sant Andreu de Llavaneres.

Lo que emergió de la Operación Pretoria fue una red “transversal” de corrupción que estaba por encima de los fraccionamientos políticos y que abarca a las dos columnas sobre las que se sostiene la política catalana en las últimas décadas: el PSC y CiU. No se trata, contrariamente a lo que alega la versión oficial, de una corrupción coyuntural, sino absolutamente anidada en las estructuras de poder y que ha gozado de completa impunidad. Se trata de una corrupción que afecta a las cúpulas del PSC y de CiU y que no es de ahora, sino que se remonta desde principios de los años 80.

Cuando presuntamente Alavedra y Prenafeta estaban llevan a cabo las actuaciones corruptas que desencadenaron la Operación Pretoria ocho años después, éste último impulsaba en 2001 la Fundación Catalunya Oberta, cuyos estatutos afirman que es: “es una entidad independiente enmarcada en la ideología liberal” que “tiene como objetivos analizar, defender y promover los valores de la sociedad abierta, la libertad, la democracia y la economía de mercado”. Maciá Alavedra era uno de los miembros de esta fundación catalanista y patriótica… Una vez más, el patriotismo se había convertido en la última trinchera de los bribones.

De la omertá al Nou Estatut

En un debate sobre el hundimiento del barrio de El Carmelo el 4 de marzo de 2005 Pasqual Maragall, entonces president de la Generalitat de Catalunya, aseguró en el Parlamente que “el problema de CiU se llama tres por ciento” en una clara y diáfana alusión al cobro de comisiones en la adjudicación de obras. Inmediatamente, Artur Mas, jefe de la oposición y dirigente de CiU reaccionó inmediatamente pidiendo que retirara esta alusión para “no poner en peligro la legislatura y la reforma del Estatut”.

La alusión al “3%” sacudió a la sociedad catalana en un momento en que el hundimiento del barrio de El Carmelo había generado una notable convulsión al saberse que era posible realizar el trazado de los túneles de metro de Barcelona por un procedimiento más seguro y barato. En torno a 3.000 vecinos habían tenido que cambiar de alojamiento y muchos de ellos habían perdido todo su patrimonio y sus recuerdos en el hundimiento de un bloque de viviendas populares. La concesión de las obras del Metro que habían provocado el hundimiento de El Carmelo se había realizado durante el gobierno de CiU. La alusión de Maragall se refería a que el 3% de la adjudicación de contratos en obras públicas revertía en los partidos de gobierno entregado por los beneficiarios de la contrata.

En aquel debate no se entendió bien la velada amenaza pronunciada por Artur Mas: “no olvide que, en los próximos meses, entre PSC y CiU hemos de hacer cosas muy importantes al servicio de este país (…) y para ello es muy necesario que entre ustedes y nosotros siga existiendo un cierto círculo de confianza política, que no es de amistad, de intentar hacer cosas juntos al servicio de nuestro país. Le pediría que no se rompa”. Mas se refería a la reforma del Estatut, en cuyo trasfondo lo único que realmente importaba a la clase política catalana era la posibilidad de manejar más fondos que hasta ese momento estaban a cargo del Estado. No es lo mismo un 3% sobre 100 que un 3% sobre 1.000… Mas terminó su velado ataque con estas palabras: “Usted manda la legislatura a hacer puñetas, supongo que es consciente”, pidiendo acto seguido que retirara su expresión para “restablecer este mínimo de confianza que el país necesita”. Era un grito a favor de la impunidad: yo olvido los muertos en tu armario y tú olvidas a los muertos que tengo albergados en el mío…

Maragall tardó pocos minutos en retirar sus palabras, explicando que “lo hago por una sola razón, que interesa mucho al país, y es que Cataluña tiene de ahora en adelante cosas muy importantes que hacer, y espero de usted y de su grupo que estén en condiciones de cumplir su parte de obligación en los meses que vendrán, en los que se jugará el Estatut de Cataluña, la Constitución Española y, en buena medida, nuestro futuro”. Todo era pura retórica: la demanda social de un nuevo Estatuto era cero, literalmente no interesaba a nadie en la sociedad catalana, tan solo había reavivado un poco más la rapacidad de la clase política autonómica.

El rifirrafe parlamentario se prolongó todavía un poco más: “si en algún momento ustedes tienen alguna sospecha de lo que sea- prosiguió Artur Mas- hagan el favor de hacer aquello que se ha de hacer, vayan a los tribunales y presenten las demandas que hagan falta, pero dejen de extender por todas partes la sombra de la sospecha, porque ustedes no lo pueden hacer por trayectoria y no lo han de hacer sobre todo mirando hacia el futuro”. Y Maragall dio una nueva vuelta de tuerca: “Ustedes se han sentido atacados por una acusación que de alguna manera ven como verídica, porque si no, no se entendería el tono de su intervención”, ha apuntado Maragall, añadiendo luego que “CiU ha roto una regla, que en este Parlament se había respetado siempre, que era el respeto entre diputados y al presidente de la Generalitat, y esto algún día les pasará factura”…

Lo que siguió fue antológico: ningún partido catalanista tuvo el más mínimo interés en crear una comisión parlamentaria que investigara la misteriosa alusión al 3% que había generado la reacción desproporcionada de Mas. El tema se enterró primero en el Parlament y posteriormente en los medios de comunicación catalana.

El resultado de la “crisis del 3%” fue que la clase política catalana cerró filas ante el peligro de quedar evidenciada ante la opinión pública. De ese consenso surgió el acuerdo para avanzar hacia la redacción del “nou Estatut”: tapar las vergüenzas hoy para tener más vergüenzas que repartir mañana…

Cuando casi simultáneamente estallaron en 2009 los Casos Palau y Pretoria quedó evidenciada la responsabilidad de todos los partidos políticos catalanes en la opacidad en el manejo de fondos públicos, la financiación ilegal de estos partidos y los canales de enriquecimiento de la clase político. Y es que un 3% da para mucho y con el Nou Estatut dará para todavía más. Poco importa que los tribunales, ni los censores de cuentas hayan entrado a fondo en esta cuestión, lo que importa es que el electorado catalán lo ha percibido como realidad y en las últimas elecciones municipales de 2007 generaron algo más de un 50% de votos en blanco y nulos y de abstenciones en un municipio de buen nivel cultural y alta participación: la Ciudad Condal de Barcelona.

La oligarquía catalana y su tupida red

Jordi Pujol siempre ha sido un “hombre de país” más que un “hombre de partido”. Sabe perfectamente que los partidos son necesarios solamente para ganar elecciones, pero que se trata de organismos que no representan “opiniones” sino “intereses”. Y, para Pujol, no es bueno que todos los intereses pasen por los partidos. De ahí que tanto durante el franquismo como en la transición siguiera proclamando la “necesidad de hacer país” (expresión popular que los intelectuales nacionalistas siempre han traducido como “construcción nacional de Catalunya”). Y para “hacer país” es preciso renovar las estructuras de las élites económicas. De lo contrario podría aparecer en cualquier caso un avatar del lerrouxismo que durante décadas contuvo la expansión del catalanismo político e incluso le infringió derrotas históricas a principios de siglo.

De ahí que durante los años de poder, Pujol facilitara la creación de un nuevo stablishment político. Para ello facilitó la creación de nuevos think-tanks o bien promovió la renovación de otros, el Círculo de Economía, por ejemplo, de carácter liberal y desde luego mucho menos conservador que el Círculo Ecuestre (fundado en 1856 y cuya misión en los años 80 y 90 fue simplemente la unión entre los catalanes que colaboraron con el franquista –de hecho que impulsaron el franquismo en Catalunya- con los que en la transición se arrimaron al catalanismo político). El Círculo Ecuestre presidido fue presidido durante un tiempo por Manuel Carreras, que era, al mismo tiempo… vicepresidente del Palau de la Música. Otros nuevos think-tanks generados al efecto fueron el Instituto de la Empresa Familiar (impulsado por Leopoldo Rodés, también con vocación artística que le llevó a la presidencia del patronato de la Fundació Macba). El pujolismo (y mucho más que él, la oligarquía catalana que encarnaba) a fin de eternizarse en el poder, articuló las asociaciones más representativas de las distintas familias oligárquicas en el llamado Grupo 16 o G-16.

El 15 de diciembre de 2008, el diario Expansión publicaba un artículo en el que denunciaba que “Los pesos pesados del tejido asociativo se reúnen cada dos meses con el objetivo de debatir sobre las cuestiones que más preocupan a Barcelona”. Se trataba del llamado G-16, que Expansión definía acertadamente como “una especie de sanedrín que reúne a las principales instituciones de la sociedad civil catalana”. La palabra sanedrín es seguramente la que mejor le conviene. Apenas aparece públicamente, “tampoco emite notas de prensa, estudios de opinión ni realiza informes: su máxima es la discreción”. Cada dos meses, los miembros del G-16 se reúnen para “comentar los asuntos que preocupan y afectan a Barcelona y Catalunya”. Allí acuden los presidentes de las dieciséis principales instituciones del ámbito empresarial, deportivo y cultural de Barcelona, desde el Barça al Círculo del Liceo, pasando por el Orfeó Català, el Ateneu Barcelonès, la Cámara de Comercio, el Polo, el Club de Tenis, el Círculo Ecuestre, el Real Automóvil Club, el RCD Español e incluso el Centre Excursionista de Catalunya.

Solamente pueden asistir los presidentes de las dieciséis entidades miembros del Grupo, que no pueden delegar su representación. Discrección y reserva, casi clandestinidad, son los pilares de su funcionamiento. Las comidas –añadía Expansión- nunca tienen lugar en un restaurante, sino en las sedes o instalaciones de las distintas entidades. El calendario de encuentros se intenta que coincida con eventos organizados por los propios socios del G-16: “Por ejemplo, es habitual reunirse en el Club de Tenis Barcelona con motivo del Trofeo Conde de Godó. Otra cita tradicional es el concurso de saltos que organiza el Real Club de Polo”.

Su impulsor a principios de los 80 era Francisco Mas Sardà miembro de una conocida familia de banqueros, que entonces presidía el Círculo del Liceo, el cual concibió la idea de reunir con periodicidad a las principales instituciones de la sociedad civil. Le sucedió como impulsor Alfredo Molinas –presidente de Fomento del Trabajo, la patronal catalana– quiso continuar con la idea que amplió el grupo a once miembros y luego a dieciséis. Entre otros participan los presidentes del FC Barcelona y del RCD Español, Joan Laporta y Sánchez Llibre. Uno de los miembros del G-16 era, por supuesto Félix Millet.

Camaleonismo político en Catalunya de ayer a hoy


Algunos se sorprenderán al conocer las relaciones que unían a Millet y José María Aznar. Los Millet, siempre dispuestos a practicar el camaleonismo político no han dudado nunca en aproximarse a quien manda en cada momento, evidenciando que el nacionalismo catalán sistemáticamente antepone sus intereses a los ideales patrióticos. Durante su segunda legislatura, Aznar conoció durante una visita al Palau de la Música a Fèlix Millet. Este primer encuentro tuvo como consecuencia la entrada del Ministerio de Cultura en el Consorcio del Palau, dato importante porque hasta ese momento la entidad solamente había sido gestionada por catalanes. La cosa se entiende mejor si tenemos en cuenta que Millet se las arregló para que el presupuesto de reforma del Palau se elevara de 9 millones de euros a 24, una parte importante de cuyo coste fue asumido por el Estado Español. En contrapartida, Millet se integró en la FAES, la fundación presidida por José María Aznar tras la derrota del PP en 2004… Cuando estalló el Caso Palau,
FAES hizo pública una nota en la que afirmaba que “prescindieron de Fèlix Millet como miembro del Consejo Asesor del Instituto Catalunya Futur-FAES porque su implicación fue cero”.

Como siempre la alta burguesía catalana antepone los intereses a los valores, incluidos al catalanismo mismo. Cuando el Conde de Güell vio que la agitación obrera en Barcelona era de tal magnitud que solamente el Ejército Español podía salvar sus intereses, atenuó su “nacionalismo” y sus herederos llegaron a regalar la casa de los Güell a Alfonso XIII para mejorar las relaciones. Esa casa era el Palacio de Pedralbes en donde residía Franco durante sus visitas a Barcelona. Antes, eso sí, los Güell destrozaron una pila de mármol en la que caía el agua de una fuente diseñada por Gaudí en el jardín de la mansión. Los años hicieron que la maleza cubriera los restos de esa fuente y que, destrozada, fuera encontrada a finales de los años 60: aun destrozada se podía percibir que estaba adornada con las cuatro barras catalanas, los Güell se habían preocupado de desfigurarla no fuera a ser que lo monarquía y el ejército que debían salvar sus intereses se lo tomaran a mal… El camaleonismo político de la alta burguesía catalana no es nuevo.

En los mismos años en los que Millet entraba a formar parte del patronato de FAES, recibía en su despacho –se rumorea que por indicación de Artur Mas- a Ángel Colom i Colom, alias “sis ales”, entonces presidente del Partit per l’Independencia, una atrabiliaria formación política escindida de ERC cuando se agotaron las líneas de crédito en esa formación, del que formaba parte también Joan Laporta. El PI había dejado deudas multimillonarias que Millet estaba dispuesto a encontrar a “paganos” que las cubrieran. Desde la derecha españolista hasta la izquierda independentista, Millet estaba por encima de cualquier ideología política y de cualquier patria, y trataba solo de generar una propia red de intereses.

Lo que han demostrado los Casas Palau y Pretoria

- La existencia de una oligarquía económica en Catalunya.

- El carácter camaleónico y arribista de esa oligarquía.

- Su utilización del catalanismo como excusa emotiva y sentimental para ocultar su red de intereses oligárquicos.

- El carácter institucional y estructural de la corrupción en Catalunya.

- La transversalidad de la corrupción en Catalunya que ha abarcado desde el PP, FAES, hasta CiU, el PSE, el independentismo.

- La existencia de redes que centralizan el poder económico de la oligarquía catalana.

- El carácter subordinado de los partidos políticos catalanes a los intereses de esa oligarquía.

- El valor “interés” situado por encima del valor “Catalunya” para la oligarquía catalana.

- La permanencia de estos 300 linajes oligárquicos desde el primer tercio del siglo XIX en los mecanismos de poder.

- Las razones de la población catalana para inhibirse de los últimos procesos electorales que han registrado niveles de abstención inéditos.

viernes, 17 de febrero de 2012

Carmen Corpas canta la Malagueña



La maestra trae un collarín por que los occipitales la están matando y está fatal de la garganta pero yo no noto que cante peor. Alucino.
Sólo ha bajado unos semitonos y venga a cantarse unas malagueñas.

Carmen Corpas canta La Farruca



Mientras canta Carmen observo una persona nueva en la clase. Pregunto con un gesto a una compañera y con otro gesto me señala un cartel colocado detrás mío, allá arriba, en la pared."Isabel de Mérida" vestida para actuar en una peña flamenca, como esta de Juan de Arcos de Badalona.

Las luces naranjas de la fotografía. En los años setenta mis padres eran jóvenes pero no iban a estas peñas a escuchar flamenco o las coplas de la Piquer en boca de tonadilleras más jóvenes que ellos .Huir del barrio era más importante.

martes, 14 de febrero de 2012

El Corrillo Flamenco (1) El Corrillo Solidario en Meridiana Town.

2012/1/4 Sonia Galván:
"Hola chicos,
Bueno como ya os comenté, me gustaría montar algo para el centro donde trabajo que son indigentes en situación de marginalidad y no es que tengan muchas alegrias en la vida..
Así que pensé en darles una alegria con alguna fiestita flamenca, seguro que le haríamos por un ratito un poquito más felices..
El plan es de hacerlo entre desde las 6 de la tarde hasta las 7 o 7.30, tiene que ser fin de semana, este estaría bien, pero quizás es un poquito apurao.
Es cuestión de cantar lo que se nos ocurra y divertirnos en família, eso si, alcohol prohibido, al menos delante de esta gente, antes o después lo que queráis..
Bueno gente ya me diréis algo, no sé si he mandado bien los correos, correr la voz por ahí
Un abrazo!!"



-"Hola Sonia, hola Farluquitos:
Me ha llegado este email tuyo, vuestro, al corazón "from hands I cannot see".
Me apunto a que el corrillo flamenco amplie su campo de batalla,
el otro día ese señor que fue a su casa dos veces a por jamón para invitarnos
a los que estábamos allí en aquella tasquilla del Raval
intentando actualizar algo así como "flamenco"
me dejó noqueao...
"Así que una vez más, pensaba para mí como Farluquito que ve la curva mala pero acepta,resignado, la evidencia, el Arte sirve para algo aunque sea desde estas maneras desmañadas tal cual la prota de "Josefina la Cantante" de Kafka...pues vale: acepto".Pero este viernes a las 20h voy al jazzsí a ver al Salaíto que ,para mí,es como renovar los votos de Bodishatva-flamenco así que preferiría que fuera el sábado o el domingo. Salud y viva el gregoriano punki,Juanpe."

-Isaías: "Hola flamenquines! Como dice una voz popular: "si quieres tener la felicidad, empieza ayudando a los demás"...será el sentimiento altruísta o el instinto de manada...yo me apunto con el sentimiento flamenco, jeje... decirme fecha y lugar por favor, un abrazo!"

-Sonya: "Ok confirmado, el Domingo día 8, a las 5 en el metro Navas,no me falleis!!"

domingo, 5 de febrero de 2012

Sobre las grabaciones de Alan Lomax en España en 1952


«Un folklorista en España encuentra más que las canciones: hace amistades que le duran la vida entera y renueva su creencia en los seres humanos.»
—Alan Lomax, en "Saga de un cazador de canciones folklóricas," Hi-Fi Stereo Review, mayo 1960 (p. 45).

(Medio la mar - Juan Uría Ríu 1952)

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"España: para nosotros de fuera de este país, su nombre conjura el flamenco, las playas y las corridas—pero son pocos los que también piensan en las vaqueiradas, albaes, desafíos o los chifros de cepador.

Las grabaciones de campo que hizo Alan Lomax hace ya medio siglo, en 1952, son las de un pionero del trabajo de campo en España, y revelaron, siguen revelando, la diversidad de tradiciones musicales en este país que no deja de fascinar.



Constituyen un documento histórico precioso de música de casi el país entero: Andalucía, Aragón, Asturias, Baleares, Castilla, Cataluña, Extremadura, Galicia, Murcia, Navarra, País Vasco y Cantabria. Lomax hizo los contactos pero no pudo hacer el trabajo de campo en otras regiones,entre ellas Canarias, Salamanca, y Zamora.

El archivo Lomax, en su ACE (Association for Cultural Equity—Asociación para la Equidad Cultural), contiene no solamente las grabaciones originales y las copias ya hechas en DAT, sino también sus propios diarios y notas de campo, las fotos que sacó en sus viajes, recortes de prensa de la época, documentos detallando pagos hechos a los informantes cuyos temas salieron en sus emisiones para la BBC, y cartas, incluidas las docenas que, entre todo lo demás que hacía, consiguió encontrar momentos para escribir, para agradecer la ayuda a todos los que le habían ayudado.

A Alan Lomax, los estereotipos nunca le han interesado. Nunca había estudiado las tradiciones musicales de España, pero pronto, escribió:

"La España más rica tanto en la música como en la gente maja no era el sur apasionado de los gitanos y del flamenco, sino los llanos solemnes del occidente del país, los montes del norte de Castilla y el verde enredado de los Pirineos" (p. 45).

Las grabaciones, con notas de campo y fotos detalladas y sensibles, nos guían por una multitud de culturas, tradiciones, idiomas, dialectos y músicas que resisten todo tipo de generalización. Pero Lomax nunca había tenido la intención de ir a España. Escribió en 1960, que en el verano de 1952, Columbia Records le informó que si quería editar su serie de música tradicional internacional, tendría que incluir un disco de música tradicional de España, y fue por eso, que nos cuenta:

"Tragando mi aversión al Caudillo y sus obras, me fui a un congreso de folklore en la Isla de Mallorca, pensando buscarme un editor español para el disco... el profesor que dirigía el congreso [i. e. Marius Schneider]... era un refugiado Nazi... que había asumido la dirección del archivo de música folklórica de Berlín después de que Hitler le quitara su jefe judío ... era ahora el responsable de la investigación de música tradicional en el CSIC... y me indicó que él personalmente se aseguraría que ningún musicólogo español me ayudase. También me sugirió que me fuese de España.

No tenía la intención de quedarme en el país. Tenía poca cinta para grabar conmigo, y no había estudiado la etnología de España. Pero este fue mi primer encuentro con un Nazi y, sentados allí en la mesa del comedor, yo miraba a este idiota autoritario, me prometí que grabaría la música de este país desgraciado aunque tuviera que meter mi vida entera haciéndolo...." (p. 43).

No dedicó Lomax el resto de su vida en hacerlo, pero sí que se quedó en España mucho más tiempo de lo previsto, después de aquel congreso en Mallorca, donde, como después le escribió Walter Starkie, eran ambos "guerreros" (carta de Starkie a Lomax, 18/5/1953).

Lomax y su asistente inglesa Jeannette Bell, viajaron siete meses por España: miles de kilómetros, por carreteras muchas veces casi impasables, buscados con cierta frecuencia por la Guardia Civil, colocando la máquina de grabar enorme y pesada en aldeas que muchas veces carecían de luz y de agua, y, en los meses de invierno en el norte del país, con el frío y la lluvia que se les congelaban los huesos.

Grabar era un proceso largo y complicado en la época: era el mejor aparato disponsible, pero lejísimos de nuestras posibilidades, de maquinitas ligeras y rápidas, y cintas y pilas que se compran en cualquier lado. Para Lomax, una cinta duraba un cuarto de hora, y cuando se le acababan las cintas, se le terminaba la posibilidad de grabar.

Este trabajo de campo duro, a la manera clásica de los primeros años de la etnomusicología, y el aprecio profundo que tenía Lomax a la gente que iba conociendo, tampoco implicaron que tuviera o transmitiera una visión de algún folklore mítico, prístino o "auténtico." Evoca en sus notas la belleza variada, muchas veces dura, de la música, y la humanidad de sus cantores, pero evita siempre caer en un romanticismo fácil. Las grabaciones reflejan una variedad amplia de contextos: pueblos y aldeas aislados, festivales oficiales, coros y grupos locales:

"Durante un mes o más, yo andaba de manera errática, como si estuviera mareado por insolación, por la belleza solemne de esta tierra, casi enfermo por causa de la vista de ese pueblo noble, azotado por la pobreza y por un país gobernado por la policía. Me enteré que en España el folklore no era mera fantasía o recreo. Cada pueblo era un sistema cultural discreto, donde la tradición empapaba cada aspecto de la vida; y era precisamente este sistema de costumbres tradicionales. A veces incluso paganas, que habían servido de armadura espiritual del pueblo español contra las muchas formas de tiranía que habían sufrido con los siglos. Era en su patrimonio de folklore que los campesinos, los pescadores, los muleteros y los pastores a quienes conocí encontraron sus modelos, para aquel comportamiento noble y aquella sensibilidad a la belleza que les hicieron ser amigos tan satisfactorios" (pp. 43-45).

Fue en España donde Lomax empezó a proponer las relaciones directas entre los estilos tradicionales del canto folklórico, y la cultura (ver el disco Rounder Sampler, p. 29). Desde las primeras escrituras sobre España, y sus tradiciones célticas, cartaginesas, visigodas e indígenas, el país ha quedado marcado por la
diversidad. Su música siempre ha reflejado lo que ahora consideramos el "multiculturalismo": tradiciones indígenas de la Península, el patrimonio complejo de la música y la poesía de los judíos y los musulmanes; las tradiciones musicales que se trajeron los gitanos, y otras, siglo tras siglo.

Pero, en 1952, nadie hablaba del "multiculturalismo." Los problemas económicos, las carreteras difíciles, regiones aisladas por montañas, métodos antiguos de agricultura—era una vida dura, pero esta vida dura con sus ciclos de vida y del año también mantuvo tradiciones musicales que igual hubieran desaparecido con condiciones más favorables. Al mismo tiempo, un nacionalismo oficial estaba estableciendo versiones "folklorizadas" de varias tradiciones, un proceso que había empezado ya en el siglo XIX. Durante la dictadura de Franco, también, el gallego, el catalán, el asturiano, el euskera y sus variantes eran reprimidos, mientras las tradiciones locales acababan sufriendo un proceso de estandarización y "limpieza," muchas veces por la Sección Femenina, arreglando la música para que conformara mejor a su propia ideología. La censura estricta resultó en impedir a muchos folkloristas publicar las letras que recopilaban tal como los informantes se las cantaban, y a los propios informantes les daba miedo muchas veces cantarlas. Cuenta Lomax:

"La Guardia Civil espantosa, con sus sombreros negros, me tenían en sus listas—nunca sabré porqué, pues nunca me detuvieron. Pero al parecer, siempre sabían dónde encontrarme. En los lugares más perdidos, más olvidados. menos probables, en las montañas... aparecían, como buitres negros que llevaban consigo el hedor del miedo—y entonces los músicos perdían su coraje" (p. 45).

En el año 1953, Lomax volvió a Inglaterra, y después a los EEUU; en aquel mismo año, España empezaba a abrir las relaciones diplomáticas e intentaba construirse una imagen que por lo menos se pareciera hasta cierto punto a la democracia, aunque por supuesto la dictadura de Franco seguía controlando todo.

En aquella época, el trabajo de campo etnomusicológico quedaba en las manos de varios individuos, o por su cuenta, o sea con algún apoyo, muchas veces mínimo, del Instituto Español de Musicología establecido en Barcelona en 1943 por el CSIC. Sí que aparecieron libros y artículos, pero ningún archivo sonoro. Fuera de la Magna Antología del Folklore Musical de España de Manuel García Matos, algunos LP's en Hispavox, las grabaciones inéditas de Kurt Schindler y lo que filmó la Sección Femenina, existen pocos documentos grabados de la música tradicional del principio y de mediados del siglo XX en España, por eso, las grabaciones de Alan Lomax tienen una importancia enorme.

En las últimas décadas del siglo XX, después de la muerte de Franco y el cambio
del gobierno, España cambió de manera radical. Este no es el lugar de comentar estos cambios, pero desde la perspectiva de las tradiciones musicales y la etnomusicología, han sido varios niveles de cambios: en los pueblos, en las universidades, los media, los músicos revival y en la percepción de los mismos españoles. Existen nuevos centros y museos al nivel provincial y regional, donde se enseña el folklore de la región: por un lado, en muchos casos este trabajo acaba perpetuando una "folklorización" pero también, en muchos casos han hecho o siguen haciendo trabajo importante de documentación y a veces la enseñanza de tradiciones que desaparecen en sus contextos de otras épocas.

Algunos sellos discográficos hicieron su propio trabajo de campo, y editaron discos documentales. La etnomusicología poco a poco va entrando como disciplina en las universidades, aunque todavía no en muchas, y la SibE (Sociedad Ibérica de Etnomusicología) ofrece congresos cási todos los años, de los cuales ha editado varios volúmenes de actas, y también una revista académica online. Revistas académicas, y revistas populares, también páginas web van ofreciendo cada vez más información asequible.

Para Alan Lomax:

"En España, nunca costaba mucho trabajo identificar y conocer a los mejores cantantes, porque los del barrio siempre sabían quiénes eran, y entendían perfectamente de que manera y porque eran los mejores en su propio estilo e idioma musical" (p. 45).

Como en tantos países, las tradiciones de los pueblos están desapareciendo en España, aún hoy en día, mientras escribo estas palabras, sigue siendo posible hacer un buen trabajo de campo en las aldeas, y grabar canciones e historia oral, aunque casi siempre ya de la gente mayor. Los intérpretes folk también hacen su trabajo de campo, e interpretan estilos tradicionales—a veces intentando reproducirlos, y a veces con innovaciones, o mezclando estilos para crear nuevos.

Talleres y festivales de world music se multiplican, y, con la Comunidad Europea, músicos de otros países van formando parte del tapiz musical del país. Los ciegos con sus romances y los pliegos de cordel han desaparecido, pero a finales del siglo XX y principios del XXI, los cantautores mantienen su propia tradición. La idea de la "convivencia" de las tres culturas, Cristianos, Judíos y Musulmanes, ha sido romantizada, pero sin embargo se ha convertido también en algunos estudios serios; y, casi más importante, músicos folk de España van aprendiendo canciones sefardíes y árabes de colegas cuyos antepasados fueron expulsados de la Península Ibérica hace cinco siglos, reclamándose el legado de diversidad cultural de la Iberia medieval.

Sin embargo, mientras uno trata de mantener una actitud positiva hacia los cambios, las metamorfosis, las formas híbridas y las transformaciones musicales, muchos aspectos de la vida musical van desapareciendo para siempre, aplastados por lo que Lomax llamó "un sistema de super- autopistas culturales" (p. 46).

En 1996, un viejo tamborilero de un pueblo de Salamanca me dijo que le preocupaba mucho el hecho de que no había nadie que le sustituyera tocando para las bodas y las ocasiones rituales cuando se muriera. Los músicos jovenes, me dijo, sí que aprenden a tocar, pero no es lo mismo, todos viven en las ciudades y todos quieren ser profesionales de concierto. Y muy pocos ya cantan los romances, los cantares de boda de antaño. Una aldeana muy mayor me dijo que las noches de invierno, se ponía en la cama con todas las mantas, y sin poder dormir, con el frío, se ponía a cantar todos los romances más largos, uno tras otro, hasta dormirse con su propia voz, aislada, a oscuras. Ella se murió poco después. Con estas grabaciones, Alan Lomax les ha dado a muchas voces perdidas en las tinieblas otro tipo de vida: una incandescencia suave y constante, que atenúa las luces más bien deslumbrantes de nuestro nuevo milenio.



"SOBRE LAS GRABACIONES DE ALAN LOMAX
EN ESPAÑA EN 1952"
JUDITH R. COHEN
"LOS ESCRITOS DE ALAN LOMAX" TRADUCIDOS POR JUDITH R. COHEN.

sábado, 4 de febrero de 2012

Ayeranas: Carlitos el de Murias en una grabación de Alan Lomax en Asturias, noviembre de 1952

En esta tonada ,titulada "Cabrúñame la gadaña",se hace referencia al trabajo en el campo y en los puertos de montaña:

"Cabrúñame la gadaña
y mándame'l garabetu,
saca un bracéu de yerba
y écha-y de comer al xetu."

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"Subasta de cuadros": Tanguillos de Cádiz


Les presento aquí tres cuadros
del Zurbarán y del gran Murillo
que valen treinta mil duros,
a precio de baratillo,
y ,para venderlos pronto,los pongo por la mitad.

Representa el primero un edificio
donde un célebre turco tuvo su harén
en el siglo quinto.
Está entre Nicaragüa y Panamá
(un poquito a la izquierda del Paquistán).

El segundo cuadro es un guacamayo
donde tuvo su alcoba el rey don Pelayo.
Mientras más se mira, más lejos se ve,
(igual que el castillo de su churumbel).


El último representa la historia de un gran sofá
donde se sentaba Eva
en compañía de Adán
y allí ,los dos muy juntitos
(no crea que esto es patraña),
un kiki del paraíso
cierto domingo por la mañana
los dos tenían mucha hambre
y se comieron una manzana