sábado, 19 de junio de 2010

El Libro de Estilo de Catatònia Triomfant (2) (LOS VERDUGOS SE VISTEN CON EL ROPAJE DE LAS VÍCTIMAS)






















Josep Pla en Nueva York en los años de esplendor del Imperio.
Desde los amplios ventanales del ático del rascacielos donde se le ha invitado a cenar
se le muestra la iluminación nocturna de la metrópoli.
¿Reacción emocional?¿Mal de Stendhal?
No, sólo el sentido común preguntando:

“Això qui ho paga?”

Catatònia Triomfant és la pérdida de ese sentido común,
el abandono de la investigación de la realidad cuando no conviene al movimiento de la construcción nacional en marcha porque,la mayoría de las veces,es fea y se resiste a adaptarse a sus manías estéticas.

El Libro de Estilo de Catatònia Triomfant es el relato de la construcción de ese catálogo estético porque tal vez sólo desde la perspectiva del arte se puedan entender ciertos movimientos actuales y el imaginario que las dirige.

La operación fundacional de Catatònia Triomfant” es una “operación estética” pero no un “movimiento estético“.

Esa operación estética se explica si uno tiene una perspectiva lo suficientemente amplia o una independencia emocional respecto de Catatònia y puede preguntarse:

“¿Quién pagó el “Modernisme“?”

pues no es una operación que tenga que ver con el “Modernisme“ en sí mismo ,como ese estilo estético a analizar propio de la Europa finisecular.

Es otra cosa.

En el siglo XIX el 70 u 80 por ciento del comercio de esclavos bajo el Imperio Español está en manos de catalanes y vascos (recuerda ,mi hermano,esa memoria que asombrosamente se despierta cada vez que hay elecciones: los Nadal, los Vidal-Quadras…cualquiera de “ellos“ a derecha e izquierda, los patricios…¡negreros!).
Pero también propietarios de los ingenios azucareros cubanos y sus derivados o las fábricas de tabaco de Filipinas ¿recuerdas al catalán Baccardí, mi compañero… y a Gil de Biedma dirigiendo el negocio entre verso y verso?

Esos eran los amos de Catatònia Triomfant, los que pagaban el “Modernismo”, ese orgasmo de los turistas japoneses.
Los colonizadores.

Los amos observan la pérdida del imperio y reaccionan rápidamente, ya se sabe: repatriando capitales.
“Repatriar capital” vaya sintagma, hermano lobo: la patria y el pecunio,la patria y la mierda.
Y comienza la danza, el lento minué identitario:
La transformación del dinero en poder es lo único que garantiza conservarlo a partir de una cierta cantidad,
que el dinero es muy perro, hermano lobo.
Por eso, si se quedan y no se van con Francia, quieren mandar. ¡Cambio de dinastía!¡Tiembla Madrit!

Y , cada vez que dicha operación no avanza, agitar la bandera vernácula que construirán los empleados de los amos.

¡Ah, los empleados!

Los oficinistas, los subalternos que saben leer y escribir, los chicos pálidos de la ciudad de Barcelona que sirven a sus amos con fidelidad, los escribientes de las grandes compañías de ultramar.

Ese escribiente que describe Pessoa en “El Libro del Desasosiego”
viviendo en cuatro calles de la Metrópoli ,testigo pasivo, preso de una gran melancolía, de las grandes empresas comerciales en los mares de las Indias y de los largos viajes alrededor del mundo que sólo puede imaginar.

Servidor de los que expolian, colaborador necesario de los colonizadores. Chupatintas melancólicos. Sujetos ambíguos respecto de la lucha obrera. A veces solidarios otras esquiroles. La clase media baja, su trayectoria ideológica errática propia y de sobras conocida.

Ellos son los sujetos que inician la operación estética fundacional de Catatònia Triomfant. Su falange más radical como en el resto de Europa, su partido nazi.

La admiración por la revuelta de los negros en Cuba y la imposibilidad de hacerla aquí ,abren la posibilidad de ,al menos, chico pálido mi hermano lobo, comenzar a vivirla estéticamente.

Esa es la función que cumple la aparición de la estrella en un triángulo azul sobre las cuatro barras.

Dice:

“Somos una colonia de España como lo ha sido Cuba o Filipinas. Como España nos expolia tenemos derecho a liberarnos de su yugo imperial.”

Salvan a sus amos que ya nunca podrán ser acusados del expolio y se salvan ellos que colaboraron necesariamente con ese comercio.

Vistiéndose con el ropaje de las víctimas, dan a sus amos y a Catatònia Triomfant la primera coartada moral que funda su reinado.

Y de la primera proposición lógica de la cual derivar el resto del delirio.

Hasta ahora.

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